Mucha gente gusta de cosas, de partes, de características.
A mí, particularmente, me gustan las manos.
Pero sus manos fueron las que más me han llamado la atención, al menos de tal extravagante forma y hasta ahora.
Y cada vez que las cautivo me producen curiosidad, no son normales, ni especiales, sólo perfectas.
Suavidad infinita, rayada miel amorfa, y cinco plumas deslizándose... haciéndome cosquillas.
¡Quién fuera a decir, que traerían la paz en mí!
Fuentes conectoras de la energía más pura, sutiles movimientos, modesta cicatriz, amoldables a cualquier curva peligrosa, la transforma en inocente e inofensiva.
Dudosos gestos casi incomprensibles.
Contactan las cuatro, el yin y el yang, y comienza la revolución.
Fuertes vibraciones, débil es el contacto, poderoso el efecto.
Tiemblo.
Calmo.
Erizo.
Deslizándose cual gota de lluvia sobre el vidrio del bus, estremeciendo por dentro y por fuera, normalidad anormal poco apreciable en terceros, incluso en él mismo.
Refugio: antibalas, anti llanto, anti duda, anti miedo.
¿Quién ha de encontrar otro igual?
Los ojos pueden mentir, cual mirada controlada, cual ceguera me invade.
Los labios son expertos en el arte del engaño.
El físico y la apariencia engañan por sí solos, y naturalmente lo hacen.
Y yo hablando de sinceridad, cuando empleo el ejemplo de una sutil caricia, un contacto tan profundo, la energía tan benigna, no puede ser un engaño.
No hay nada más real que la suavidad de tus manos, que el amor que transmiten, que la calma que producen, que la intriga que causan en mí. No hay nada más sincero, y no hay otra manera de que pueda creerte.
No es fácil creer en alguien complicado, ni tampoco es posible creerle a los ojos estando en plena ceguera, ni a los labios, ni la apariencia, ni a la sonrisa que a veces suele ser malévola.
Tus manos, nunca van a mentirme, por eso me gustan, por eso me atraen, por eso me hipnotizan, y por eso las elijo como mías, porque han sido parte de mí, porque son reales y porque a ellas sí les creo, porque por ellas descubrí que en verdad me amas.
Melissa Antonella orbegozo, 20/2/2012 3:46 a.m. (Terminau)

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